Que lejano se veía el 20 de Noviembre cuando me inscribí en el Maratón de Valencia y en el Medio Maratón. Sabía que iba a ser un reto difícil con mi reciente paternidad y el trabajo diario pero es algo que me debía desde el día que terminé el primer maratón el año pasado terminando con muy malas sensaciones con un a ristra de lesiones en cadena por un esguince de tobillo la misma semana del medio maratón. Me debía el intentar acabar otro maratón para disfrutarlo como toca, acabarlo bien, disfrutando de esos últimos kilómetros casi agónicos y a la vez maravillosos donde la gente te lleva en volandas con los ánimos.

Logo Maratón Valencia

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Ha sido un año duro, empecé con un cambio de zapatillas que no me fue nada bien y a partir de ahí no conseguía disfrutar corriendo, tenía bastantes problemas musculares a poco que hiciera así que me decidí parar por un tiempo para desconectar y así intentar recuperar la motivación para correr y afrontar algunas carreras y lo más importante, el reto de repetir Maratón.

Me costó volverme a coger, volver a disfrutar pero finalmente me fui volviendo a motivar, salia apenas dos días a la semana, máximo tres. Decidí apuntarme al C.A Quart de Poblet para conocer gente nueva y compartir entrenes y empecé a salir a correr con el que sería mi compi de batalla para el maratón, el Sr. Pablo Cano

Una vez más sin entrenador, con la ayuda de la experiencia pasada, con lo que se lee en internet, algún libro, etc.. comencé con el plan nuevo para el maratón.

Al principio empleas algunos días con ejercicios para fortalecer piernas, con estiramientos y demás pero pasa el tiempo y mis entrenamientos se basan en correr unos 3 días por semana siendo el sábado el día del «largo». Era muy consciente que con estos entrenamientos no podía aspirar a marcas o bajar de 4 horas, mi meta real era disfrutar de la carrera y acabarla bien, con la cabeza alta me daba igual el tiempo.

Los entrenamientos en verano fueron duros, muchos madrugones para entrenar antes de trabajar y los entrenamientos «largos» que la verdad fueron los mejores gracias a mi compi de batalla, nos conocimos mejor y la verdad es que se nos pasaba rápido el entrenamiento porque no parábamos de hablar y contar historias.

En el tema dieta, he de decir que quitando de marranerias industriales, no me prive de comer casi nada o de beberme unas cuentas birras o vino. Comer y beber es un placer, lo tengo claro.

Mas o menos en los largos habíamos calculado que a 5:50 podíamos ir cómodos, algo conservadores pero es que al maratón hay que tenerle un gran respeto.

Llegó el gran fin de semana del Maratón. Despliegue total de medios, feria del corredor, el maratón estaba en todas partes, carteles por la ciudad, por el río, en las redes sociales no se hablaba de otra cosa, las radios… etc Recogí el dorsal y ahora solo quedaban horas para el gran día.

Por la noche todo preparado…

 Principalmente me preocupaban dos cosas, la primera era el catarro que llevaba desde hacía 3 días, tomaba Bilsolgrip Forte y tenía muchos mocos y segundo mi estomago que en los largos me había venido jugando malas pasadas o mejor dicho los intestinos…. ejem..

Por la noche cené bien y me acosté algo tarde porque no tenía sueño, nervios, sueños extraños, me desperté muchas veces y al final a las 5,45 sonaba el despertador. Tocaba activarse, un buen desayuno, vestirse y salir hacía la carrera para llegar pronto y no tener problemas de aparcamiento.

Fuimos juntos los del Club de Atletismo de Quart de Poblet, eramos pocos pero con ganas de dar guerra. Animados y con mucha energía positiva.

Día raro, nublado, no hacía mucho frío y el ambiente era impresionante, había mas gente que nunca había visto en una carrera, unos 18.800 corredores para el Maratón y unos 8.500 para el 10k.

Saludos, nervios y fotos mientras esperábamos que se acercara la hora de ir hacia el cajón. El objetivo lo visualizaba con recelo desde lo alto de la escalera que sube al Umbracle.



L ‘avinguda de l’ Institut Obrer de Valencia en la cual se encontraban los cajones estaba tan llena de gente que cuando empezó el primer turno de salida aún no habíamos conseguido entrar en nuestro cajón gris. La carrera había comenzado, la gente se despojaba de sus ropas de abrigo y la euforia nos invadió. Una salida espectacular en forma de fiesta con «Libre» de Niño Bravo sonando a todo volumen, por delante 42 km y sufrimiento y emoción asegurado.



Empezamos con un ritmo aprox de 5:37 el km y la intención era mantenerlo toda la carrera. Iban pasando los kilómetros y veía como que o mi compañero subía el ritmo o yo lo estaba bajando aplicando el respeto de la experiencia pasada. El maratón es una carrera contra ti mismo y es muy muy larga. Hay que estar muy concentrado.

En el ecuador de la carrera me quedé solo y resultó un palo porque cuando vienen los bajones ir acompañado ayuda así que desde ese momento me centré totalmente en mi familia que me estaba esperando y en mi hija lo cual me emocionaba muchísimo, tenía ansia por llegar al km donde estaban esperando para animarme y besarles. Solo pensaba en mi pequeña Aria.

Tema alimentación durante la carrera, llevaba 4 geles Enervit 1 de ellos con cafeína que me guarde para el km 35, también 4 cápsulas de sales. Solo bebi agua y las botellas sobre todo a partir del medio Maratón las mantenía y iba dosificando los tragos.


El encuentro con la familia me dio fuerza para continuar cuando mi cabeza ya me decía que parara, la planta de los pies me dolía mucho y en particular las uñas de un dedo del pie me dolían tanto que pensaba que se me habían caído.

Tome el último gel y al rato la última cápsula de sales, guardaba mi botella de agua para que me durará y no tuviera sensación de deshidratarme o sed y en cualquier momento podrían aparecer síntomas desagradables como los famosos calambres capaz de dejarte paralizado. Alrededor veía a gente jodida, parada, con rampas, rociandole réflex con la esperanza de que eso fuera a solucionar el problema. Hacia el final de Colón tuve atisbos de calambres en una pierna y pese a no ser muy fuertes rápidamente mi cabeza puso orden y obligó a bajar el ritmo por cautela. Tantas horas corriendo y desgastando el cuerpo, no sabes cómo va a reaccionar, está al limite.


Quedaban pocos kilómetros, la gente cada vez animaba con más fuerza, leían en alto el nombre del dorsal para darte ánimos, se reducía el espacio en un espectacular pasillo formado por la gente que animaba y te llevaba en una nube hacia la bajada al río. En ese momento explosión de emoción, felicidad, alguna lágrima. El ambiente es espectacular y lo que se siente no se puede explicar. La pasarela sobre el agua, los últimos metros, lo había conseguido y estaba muy feliz. Acabe el maratón muy bien y me quite la espina que tenía de la pasada edición.



Han pasado dos dias, aún me duelen las piernas pero todo el sufrimiento merece la pena. El Maratón de Valencia es una carrera espectacular y por eso consiguio la etiqueta oro, es el mejor maratón de España y de los mejores del mundo.